lunes, 8 de enero de 2018

FOTOS DE HËCTOR NEGRO

A la derecha, al borde de la foto. Desconocemos el resto de las personas.

jueves, 4 de enero de 2018

TODAS LAS NOCHES, TODOS LOS DÍAS

Luciérnagas congeladas flotan sobre la calle

lagrimeando lucecitas que empapan las casas y los muros bajos.

Sobre las veredas pasan sombras fatigadas y dispersas.

La ráfaga de un automóvil desbocado es un disparo a ras del piso

donde él huye veloz puliéndose con una neblina

que no termina de llegar al suelo.

 

Hay huecos de sombras en los umbrales

que quieren meterse en las paredes

intuyendo alguna tibieza en el trajín de las casas.

Se adivinan luces tímidas tras algunas ventanas claudicantes.

Los revoques se descascaran imperceptiblemente.

Mientras el sueño avanza donde las señales de vida

se fueron recluyendo con discreción y sigilo.

La noche se termina de adueñar de todo lo que nos rodea.

Recogerá cansancios crujientes, nervios deshechos,

y otros retazos de vida que se acortaron

entre el trabajo y la ferocidad de la ciudad implacable.

El sueño, en su bolsa, cargará todo como una enorme

burbuja de tiniebla impredecible e insondable.

 

Pero gana la luz, gana la vida y tras el temblor

de las últimas estrellas, se encienden las primeras ventanas,

los primeros ojos del rocío, celebrando el augurio

de un gallo incógnito y el revoloteo cantor

de los pájaros madrugadores que alzan la melodía

de su presagio de claridad invasora

como una algazara inaugural.

El imponente sol se incorpora estallando de resplandor.

Y las palpitaciones de la gente que parte presurosa

hacia su yugo, hacen vibrar las campanadas del día

que ha de volver a fatigarla, a morderles la esperanza

trabajosamente recompuesta.

Pero de ninguna manera apagará su vocación de colmenar.

Que ha de construir, ha de mover, ha de amasar,

ha de poner en marcha las poleas de la jornada

y poco a poco, lentamente, aún en sus retrocesos

y sus claudicaciones,

ha de ir levantando (aún sin darse cuenta),

el inevitable milagro que alguna vez los hará libres

y dueños de todo lo que siembran y hacen arder pacientemente.

                                                                         

                                                                  Héctor Negro/2009

miércoles, 6 de diciembre de 2017

EVA Y LOS GORRIONES

"Yo no era ni soy nada más que una humilde mujer ... un gorrión en una inmensa bandada de gorriones...Todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que pienso y todo lo que siento es de Perón. Pero yo no me olvido ni me olvidaré nunca que fui gorrión ni de que sigo siéndolo.
 
Si vuelo más altoi es por él. Si ando entre las cumbres, es por él. Si a veces toco casi el cielo con mis alas es por él"
 
Eva
 
Baily, Samuel, Movimiento obrero, nacionalismo y política en la Argentina, Sudamericana, pp. 126-127.
 
Que sepamos, Héctor Negro no habría leído este libro, es pura sincronicidad.

martes, 24 de octubre de 2017

A GASTÓN MARTINEZ MATTIELLA

Gastón me abrió la puerta de su país de milagros

(Ancha puerta de un mundo que alucinó mis ojos).

Y fue un México erguido más allá de mi hallazgo.

Insurgente en mis sueños, indomable en mi asombro.

 

Y me abrió el entrañable portal de su casa,

donde aleteaban duendes transmutados en tangos.

Que surgían trayendo mi ciudad y mi entraña,

bajo  techos fraternos, desde rincones mágicos.

 

Y por él supe entonces que gracias a un misterio,

que él con sabiduría descifró e hizo suyo,

fue posible que el tango nos uniera tan lejos

y tan cerca del cielo que tocábamos juntos.

 

Y tras él, sus hermanos de temple generoso,

sensibles  y encendidos con el asombro puesto,

me enseñaron las claves de sentir en lo hondo,

tropillas de emociones y desbandados ecos.

 

Gastón fue en Buenos Aires, ese México pleno,

vibrando con nosotros con Gardel y Pichuco.

Sin dejar de florearnos su raíz como un fuego

y descubrirnos siempre algún costado oculto.

 

Por generoso y amplio. Por viajero del tiempo.

Por saber remontar la altitud de los tangos

y llenarse de amigos que a su ritmo latiendo,

le brindaron la fuerte gratitud de su abrazo.

 

Por eso lo quisimos, fue uno más con nosotros.

Compinche de la noche porteña, experto guía

del alma mexicana en la vuelta del codo                        

que lo trajo hasta el tango trepando nuestra orilla.        

 

Y hoy recordamos siempre a sus "muchachos de antes".

A aquellos que pasaron, a los que conocimos.

A aquellos que supieron descifrar Buenos Aires

bajo aquellas estrellas, desde nuestros sonidos.

 

Y lo sentimos cerca, más acá del olvido.

En la memoria cierta que lo trae y lo lleva.

Disfrutando los tangos que juntos descubrimos

y el enigma incitante del furor de su tierra.

 

Oh, Gastón, si supieras que para este terruño

de tangos y mateadas que hasta el tiempo respeta,

vos seguís siendo siempre tu México y tu mundo.

Y la visión que tu alma tuvo del alma nuestra.

 

Y que pese a la muerte y a su insólito truco.

Vos sos de los que fieles, se empecinan y quedan.

Con un corte de manga que aprendiste hace mucho.

Y ese estar con nosotros, que ya no hay quien lo pueda.

 

                                              Héctor Negro

                                           Noviembre de 2004

Si una estrofa me pide a mí Susana,

ESTROFAS PARA SUSANA

 

Si una estrofa me pide a mí Susana,

lo menos que merece es un soneto,

pensado entre la luz de la mañana,

escrito en el crepúsculo indiscreto.

 

Se me llena de tangos, de milongas,

de valsecitos tiernos que resbalan.

De ademanes que al canto lo prolongan,

de una garganta que cantó a la mala.

 

Que se juega pegándole a la muerte

y que embalada contra la mentira,

sabe desenfundar la contrasuerte.

 

Sabe por Cátulo el hilo que se estira

-la vida misma cuando se hace fuerte –

y que un día se corta y se revira.

 

                           Héctor Negro

                            16/3/08